Dolido de memoria

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Dolido de memoria
Anclado a los eventos
Funesta transparencia
Desnuda la vergüenza

- Silencio – culpa – hielo
- Ardid – araña – cepo

Complicidad del látigo
Conspiración del aire

- Urdimbre – espina – sierpe
- Clamor – silencio – piedra
- Mordaza – imploración – hachazo
- Quejumbre – llanto – prisa

Vigilia enfebrecida en la calzada
Alba adormecida encadenada

- Ceniza – saco – lágrima
- Sayal – granizo – esquirla

Brasa redime la memoria
Tinglado cobija la tonsura
Peregrino calabozo
Obscuro claustro

- Pajarillo – lirio – nardo
- Bordón – conchuela – calabaza

Retiro Viernes Santo 2011

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Retiro de Viernes Santo

Convocado por la Comunidad Cristiana Cristo Redentor

Antofagasta 2011

Introducción

Por qué y para qué retirarse. Cómo hacerlo

Toda relación interpersonal requiere cuidarse con espacios de intimidad, nuestra relación con el Señor también. Sin espacios y tiempos a solas, las personas pueden acostumbrarse, acomodarse, pero llegan a ser como desconocidos, cuando se miran a los ojos ya no se reconocen, lo mismo nos pasa ante Jesús. Y como somos portadores de la imagen de Dios, cuando el Señor se nos vuelve lejano o desconocido, nosotros mismos no sabemos quienes somos. En la intimidad del encuentro cuidamos y discernimos su presencia en la criaturas, en los hermanos, en los pobres, para encontrarlo finalmente en todas partes y hacer de toda nuestra vida expresión de la gozosa intimidad con el Padre…

Un encuentro profundo necesita de soledad y de silencio, no se trata se estar a solas simplemente sino de estar a solas con alguien a quien amamos, no se trata de silencio como mudez o mutismo, sino como espacio libre para el diálogo, cuando queremos hablar con alguien, con nuestros hijos, con nuestra pareja, con el vecino o el amigo que nos visita apagamos el televisor, nos sacamos los audífonos, cerramos la puerta, se trata por lo tanto de acoger, dar espacio facilitar el encuentro. Lo mismo buscamos al retirarnos, nos retiramos para encontrarnos, y en un encuentro interpersonal no sabemos lo que la otra persona quiere decirnos, las personas por mucho que las conozcamos encierran siempre un secreto, una novedad, al Señor hay que escucharlo, no podemos pretender que sabemos de ante mano lo que nos quiere decir, hay que abrirse a su palabra, a la novedad liberadora de su Espíritu, pedir docilidad a sus mociones.

Por qué contemplar a Cristo en la Cruz

Hoy es viernes Santo y nuestra contemplación será sobre la pasión del Señor, todos sabemos la importancia de esta acción de Jesús, la cruz preside nuestras procesiones y está en todos nuestros templos, también está en nuestras casas e incluso colgada a nuestros cuellos. Hemos leído innumerables veces la pasión del Señor y hemos escuchado muchas catequesis sobre ella. Podría decirse que ya sabemos suficiente y que todo está muy claro, sin embargo “no basta “saber”; es necesario “sentir y gustar de las cosas internamente” [EE 2]. Y sentir y saborear internamente la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús no es fácil, ni se debe dar por supuesto” (ZALDÚA, Ejercicios Espirituales Tercera Semana). Hay una gran diferencia entre alguien que sabe que un niño está enfermo y lo que siente su madre frente a su enfermedad, el sentir nos moviliza. Con Jesús nos pasa algo parecido, tenemos fe, hemos decidido seguirlo, profesamos cada domingo nuestra fe y gustosamente nos decimos cristianos, pero que significa eso, cómo se manifiesta en nuestras vidas, seguimos a Jesús sí, pero ¿hasta dónde?. ¿Nos moviliza Jesús en su Pasión?

““Los Evangelios son los relatos de la Pasión precedidos de una larga introducción” ha dicho un exegeta: en Marcos la decisión de matar a Jesús aparece ya en el capítulo 3,6; y la vida pública la jalonan los tres anuncios de la pasión (8,31; 9,31; 10,33). En Mateo desde la matanza de los inocentes (2,16); y en Lucas desde la profecía de Simeón (2,34). En Lucas la mayor parte de su evangelio es la “subida a Jerusalén” (9,51 – 19,27). Juan orienta todo hacia la “hora” = la Pasión glorificante” (A. Vanhoye en ZALDÚA, Ejercicios Espirituales Tercera Semana).

Seguir a Jesús es seguirlo hasta su “hora”, ¿qué significa esto para nuestros proyectos personales?, ¿cómo repercute en nuestras relaciones? ¿Cristo en la Cruz transforma nuestra mirada?

En este retiro buscamos dejar actuar a Padre en nuestras vidas, queremos escuchar la voz de Jesús en el silencio aterrador de su muerte, confesar en su Espíritu que “Jesucristo es Señor para Gloria de Dios Padre” (Filipenses 2, 11)

Oración preparatoria (lo siguiente es igual a lo preparado en Retiro 2009)

Los invito a que en un momento de silencio acojamos la presencia de Dios en medio nuestro, tomemos conciencia de su gran amor por nosotros, reconozcamos las huellas de su paso en nuestra vida, dejemos fluir nuestra gratitud…

Pidamos la gracia de escuchar su querer en nuestras vidas y disponer nuestra libertad para seguirlo, pidamos la gracia de reconocer los obstáculos que nos impiden seguirlo y la determinación para apartarlos…

Oremos también unos por otros para alcanzar la gracia de contemplar la cruz y dejarnos transformar por Cristo…

Sobre el Viernes Santo

No queremos acercarnos a Jesús como estudiosos, no miramos el viernes santo como historiadores, ni su pasión como reporteros, nuestra mirada es la mirada de quien sigue las huellas de quien ama, nuestra actitud es la actitud de quien está involucrado.

Podemos seguir a Jesús porque Él se involucró en nuestra historia, asumió nuestra naturaleza, nuestro ser criaturas. Fuimos a visitarlo en Belén, allí sentimos el frágil vagido de un recién nacido dependiente en todo de su madre y padre… nos enterneció tal vez su carencia y placidez…

Hoy ante nuestros ojos tenemos a un hombre adulto que asume una condena despiadada… un hombre que siente angustia ante la muerte y necesita la compañía de los suyos, un hombre que en la oración se queda solo, sus más cercanos duermen y con el rostro en tierra suplica no beber el cáliz que se le ofrece… un hombre a merced de las intrigas políticas y religiosas de su tiempo, víctima de la injusticia de los poderosos y de la traición de los amigos… la humanidad conoce historias como estas, son demasiadas, anónimas casi todas, los pobres no tienen nombre, los marginados no pesan en la balanza del mercado y su voz no se oye en el foro de las decisiones.

Pero Él no está allí por azar del destino, por falta de cautela o por no huir a tiempo (la huida de la cual sus amigos se sirvieron), Él está allí porque “para esto ha venido” (Juan 12, 27) ¿qué locura es esta de venir, de hacerse próximo? ¿no nos extrañamos ya en Belén? No es sólo una tierna infancia, un plácido dormir, la fragilidad de quien crece o las incertidumbres adolescentes lo que Jesús ha asumido en la encarnación, es sobre todo nuestra historia transida de injusticia y nuestra vida desgarrada por la muerte lo que el Señor vino a tomar y también nuestra visceral repugnancia a toda forma de sufrimiento y muerte: “¡Abbá, Padre! … aparta de mi esta copa” (Marcos 14, 36) implora con la familiar palabra aprendida de labios de José… Jesús sigue el camino de los hombres hasta la desgarradora experiencia del abandono de Dios, hasta el desgarrador grito de una muerte dolorosa y más allá hasta el frío silencio del sepulcro (Marcos 15, 33 – 46).

Y sin embargo “eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba” (Isaías 53, 4), en el Gólgota Dios se hizo íntimo a todos nuestros sufrimientos, a todas nuestras injusticias, acogió todos nuestros desgarros, sufrió todos nuestros pavores hasta morir nuestra muerte… y dónde estábamos solos Él se hizo próximo… “aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo” (Salmo 23 [22], 4)… nuestros valles tenebrosos… nuestras debilidades y rupturas, nuestras cobardías y pecados, nuestros egoísmos y miserias, nuestra indiferencia y frialdad, nada de esto es ajeno a Jesús… nada de lo que vivimos y sufrimos, es ajeno a su amor, aun nuestra muerte es acogida en su corazón… Él no nos mira desde arriba o desde lejos, no nos mira impasible y justiciero, él nos mira desde dentro, lleno de misericordia…

Ya no somos nosotros los que queremos mirar o seguir, ahora nuestra cabeza agachada no quiere levantarse… es hora de dejarnos mirar por el Señor, es hora de acoger su presencia solidaria en todos los rincones de nuestra existencia… y de pedir la gracia de ver con su mirada, de mirar a los que no cuentan, de escuchar a los que no pueden hacer oír su voz… la gracia de caminar el camino de los humildes y de solidarizar con los pecadores…

Sólo María siguió todo el camino desde Belén al Gólgota, ella que angustiada había dicho a Jesús cuando tenía doce años “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?” (Lucas 2, 48), en estos momentos con una angustia aún mayor guarda silencio… Tal vez ella nos pueda ayudar a rezar el Padrenuestro, a decir “hágase tu voluntad”, con nuestros labios, con nuestro corazón, con nuestro cuerpo…

Pauta para orar con la Biblia I

Tomo una ubicación en la que esté solo y apartado para orar.

Me relajo un poco… y tomo conciencia de la presencia de Dios, ¡Él está aquí!, ¡Él está vivo!, ¡Él está en mí!… Reconozco su presencia, hago calmadamente la señal de la cruz, manifiesto el deseo de escuchar su voz… Aquieto mi alma, reposo en Él… Ofrezco mis inquietudes, mis temores, mi gratitud… [Pausa]

Pido al Señor la gracia de reconocer su presencia de amor y ternura en mi vida…

Pido al Señor la gracia de creer en lo que podría llegar a ser y hacer si sólo le permitiera a Él continuar su obra en mí, dejo que Él, que me creó y me ama, continúe creándome, guiándome y dándome forma… [Pausa]

Leo un texto elegido previamente, proponemos:

Isaías 52, 13 – 53, 12

Salmo 22 [21]

Salmo 31 [30]

Salmo 69 [68]

Filipenses 2, 5 – 11.

Releo el texto despacio, varias veces y observo si hay alguna palabra o frase que me llame la atención, que resuene más en mí. Me quedo con esa frase cuanto tiempo quiera y después puedo dirigir mi atención a otra frase, se trata de saborear la palabra, no de analizarla, dejar que resuene y haga eco en mí.

Puedo quedarme durante el día con alguna frase del salmo que haya elegido. Repetirla en medio de los quehaceres diarios, rumiarla de la mañana a la noche, hasta que vaya haciéndose como parte de mi ser… [Pausa]

Puedo escribir las resonancias que quedan en mí, los versos que me quedan más grabados… [Pausa]

Sigo orando en silencio, el eco de la Palabra.

Puedo escribir lo que el Señor me va diciendo, lo que me nace expresarle.

Se concluye con el Padrenuestro.

Marco Teológico para la Educación

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Marco Teológico para la Educación

Propuestas de Reflexión para la Comunidad Educativa del Colegio Santa Emilia

Antofagasta 2 de marzo de 2011

Oscar Gayoso Donzé
Académico UCN

Introducción

En primer lugar agradezco la oportunidad de compartir con ustedes algunas reflexiones y espero que puedan aportar a su quehacer educativo.

La Educación es un hecho humano, este es el dato fundamental desde el cual partiremos nuestra reflexión, la educación es un hecho cultural universal, que en su vertiente mediterránea de la cual somos herederos constituyó objeto de reflexión de la filosofía desde sus orígenes y de las ciencias humanas posteriormente. Afirmar que la educación es inherente a nuestra condición de seres humanos es uno de los ejes del cual sacaremos algunas consecuencias. El segundo eje, ya que se trata de delinear un marco teológico, es poner de relieve que la fe bíblica por arrancar de una revelación histórico salvífica, que concibe al mundo y al hombre creados para una historia y salvados en la historia, necesariamente integra y asume todo lo humano, y dentro de lo humano su dimensión educativa.

La educación un Hecho Humano

Para uno de los padres de la sociología contemporánea y fundador de la sociología de la Educación, Emile Durkheim, es la Educación el modo que las sociedades utilizan para autorreproducirse, y aunque la sociología ha abundado partir de esta afirmación en teorías de la dependencia de la educación respecto del poder y de la economía, datos que no podemos perder de vista, es necesario ir al fondo filosófico del hecho educativo, el hombre es educable y necesita de la educación, porque el hombre, a diferencia de otros seres, ha de descubrir y actualizar su naturaleza, el hombre es tarea, y debe autodescubrirse, en un proceso comunitario, no exento de tensiones y que llamamos educación, el hombre es por ello sujeto y objeto de educación… Este proceso que acompaña a la humanidad desde sus albores ha ido, como todas las áreas del saber, profundizándose, especializándose y profesionalizándose, ello impone al educador desafíos cada vez más crecientes, en sociedades y culturas no sólo más complejas y diversas, sino también más cambiantes, incluso podríamos decir “líquidas”.

Todo esto puede llegar a confundirnos, incluso a desanimarnos, sin embargo es la pregunta por el hombre la que rige la educación, y por lo mismo debemos preguntarnos qué certezas sobre el hombre tenemos, qué modelo de persona sustentamos, a qué tipo de sociedad aspiramos, estas preguntas incluso llegan a coincidir con los grandes objetivos del currículo dependiendo de el enfoque que se utilice. Son estas preguntas de fondo las que acompañan nuestra preparación, nuestra planificación, nuestras decisiones concretas. No tomamos ninguna decisión educativa que no pretenda humanizar. La humanización constituye el horizonte crítico de la educación.

Sin embargo no existe una sola antropología, en la cultura plural y global en la que vivimos conviven muchas concepciones de hombre, alguna incluso antagónica, incluso sobre este punto tan nuclear sólo hemos llegado a algunos consensos, no libres de discusión que se expresan en los derechos humanos por ejemplo. Ello supone una actitud de diálogo a partir de una identidad clara. Nuestra identidad cristiana, por lo tanto bíblica, responde a nuestra búsqueda racional como una óptica de sentido que se ofrece como don al hombre de cada época…

El hombre en el dato de la fe

Ya que la educación busca humanizar y el concepto de hombre está abierto a la búsqueda cultural, racional y filosófica de la humanidad, nuestra fe representa una oferta genuina al hombre actual y para el creyente el punto central desde donde mira el mundo… nuestra mirada al mundo no es una mirada distante o expectante, es una mirada involucrada dice el Concilio Vaticano II: “nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco” en el corazón de la Iglesia, la cual “se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia”[1], esta solidaridad contribuye grandemente a la credibilidad de su palabra ante el hombre de hoy, porque esa palabra emana de quien participa de los mismos “acontecimientos, exigencias y deseos”, y es capaz de ver en ellos la “presencia de Dios”, buscando por lo mismo orientar hacia “soluciones plenamente humanas”[2].

La mirada creyente al hombre tiene tres ejes fundamentales cada uno con sus consecuencias educativas: el hombre ha sido creado, el hombre ha sido salvado, el hombre está llamado a una plenitud definitiva como consumación de esta vida.

La creación nos habla en primer lugar del amor de Dios, decir que somos criaturas es decir que somos amados de modo asombroso por el Padre, somos y estamos porque Él quiso, porque Él ama, y este amor es al mismo tiempo nuestra vocación, somos Su imagen. Sólo el abuso de nuestra libertad pudo poner en riesgo este originario designio, en la dramática realidad que llamamos pecado.

La salvación nos habla en primer lugar de la hondura del amor del Padre, manifestada en la entrega de su Hijo, nos habla de la solidaridad de Dios con nuestra soledad, nuestra esclavitud y nuestra muerte, ahí dónde no hay más que sin sentido, Dios ha puesto esperanza.

La vocación a la plenitud definitiva nos habla de que Dios comparte con el hombre su divinidad no sacándonos de la historia, sino consumándola en una eternidad que es el fruto de la historia y no una coartada para no transformar la historia.

La educación a la luz de la fe

Esto ha sido una apretada síntesis de las principales afirmaciones de nuestra fe, ahora bien que significa esto para la educación.

Lo primero es que desde los primeros cristianos la acción de Dios con el hombre fue leída e interpretada como pedagogía, eso hace de la educación un reflejo de la acción de Dios, un discernimiento particular de su voluntad. Si el Padre es el primer educador, nosotros estamos llamados a descubrir y secundar su acción, si Él imprimió en el hombre su imagen, nuestro llamado es descubrir esa imagen, confiar en su obra, colaborar en su plan.

Lo segundo es que la educación es un acto solidario, el Hijo para salvar al mundo se encarna en él, se compromete hasta la muerte con Él, no quiere que ninguno se pierda…

Lo tercero es que educamos en la historia presente no para repetirla, sino para hacerla portadora de sentido, de eternidad, con la esperanza puesta en la acción del Espíritu…


[1] GS 1.

[2] Ver GS 11.

Jornada de Agentes Pastorales de la Arquidiócesis de Antofagasta (diciembre 2010)

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Jornada de Agentes Pastorales de la Arquidiócesis de Antofagasta
para preparar la Misión Continental 2011,
a la luz de Aparecida.

Aporte Teológico Pastoral.

Encuentro con Cristo Vivo

El Señor nos mira a los ojos, su mirada es profunda, cala hondo, pero no nos intimida ni nos violenta, aun antes de escucharle, antes de hablarle, Él ha salido a nuestro encuentro en la fe de nuestros padres, en el testimonio de un amigo, en la liturgia del domingo, a alguno Jesús lo encontró en una misión, en un voluntariado o en un retiro, todos guardamos en nuestro corazón los hitos de ese encuentro de amor que ha cambiado nuestras vidas y nos ha llevado a nuevos encuentros, a ser comunidad.

[Pausa de silencio para recordar y atesorar nuestro encuentro con Jesús]

Discipulado

El encuentro con Jesús y el seguimiento de sus huellas como discípulos ha significado cambios en nuestras vidas, hemos dejado atrás otras prioridades, a veces otros intereses, nuestra mirada sobre la vida, el sufrimiento, la muerte ha quedado iluminada por la esperanza. Vemos lo mismo que antes, pero lo vemos desde la fe; vivimos lo mismo que todos, pero lo vivimos con el Señor. Las alegrías de la vida, el nacimiento de un niño, el amor de los esposos, los éxitos laborales… Y también las experiencias dolorosas, las cesantías, las rupturas, la enfermedad… En todo tenemos la certeza de la cercanía de Jesús, garantizada en su Pasión, signo de la inaudita solidaridad del Padre con nosotros, experimentamos también – en medio de los altibajos de la vida – el consuelo de su Espíritu que el Padre nos envía desde su seno…

[Pausa de silencio para reconocer los cambios que el encuentro con Jesús a producido en nuestras vidas, los dones que hemos recibido]

Espiritualidad de Comunión

La llamada de Jesús no es -como sabemos – una llamada en solitario, al mismo Jesús lo hemos conocido por otros, por otros que nos han dado testimonio de Él, nos han catequizado, nos han confortado o enseñado a orar, nos han acercado a los sacramentos o a las Sagradas Escrituras, en otras palabras a Jesús lo hemos encontrado en la Iglesia y nos llama a ser Iglesia, comunidad, cuerpo, testigos… El amor de los discípulos es signo indispensable para que el mundo crea en Jesús, porque el amor que el Padre despierta en nosotros se expresa irrefrenablemente el amor que le tenemos a los demás… De eso somos testigos como Iglesia, de la vida que brota del costado abierto de Jesús, de la vida que brota de la entrega sin reservas del Hijo al Padre y a nosotros, que tan lejanos estábamos. Cuando hablamos de espiritualidad de comunión, estamos hablando de fidelidad a la Vida que se nos ha dado amorosamente, una fidelidad al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo que habitan en nosotros y se manifiesta en los frutos del amor.

[Pausa de silencio para reflexionar en nuestra vida de Iglesia, de comunidad de fe, dónde aprendimos, dónde servimos, las personas con las que compartimos la fe y vivimos como Iglesia]

Misioneros

Misionar es ser enviado, la misión no es primariamente algo que hacemos, sino algo que recibimos de Jesús, y que sin embargo brota necesariamente de todo discípulo que ha recibido una buena noticia, una alegría que es necesario compartir, una alegría que otros no tienen y que la necesitan…

Desde los inicios cuando los primeros discípulos comenzaron a misionar, a fundar comunidades, iglesias, primero en el entorno judío y luego abriéndose a otras culturas, sufrieron la tensión de la diferencia, se encontraron con realidades distintas que no sabían como enfrentar, otros lenguajes, otras sensibilidades, nuevos desafíos, la apertura de Pablo a los gentiles significó una apertura sin precedentes: La fe cristiana se puede acoger desde cualquier cultura, puede dar frutos en diversos contextos, misionar no es exportar un modelo o imponer un modo de ser, es anunciar una buena noticia… y seguir las huellas del Señor que se maravilla de la fe de un centurión y lo pone por ejemplo.

Eso no sólo se vive cuando salimos de nuestras comunidades, sino también al interior de ellas, los más jóvenes que ven el mundo de manera distinta, los inmigrantes que traen una riqueza nueva, las mujeres cuya voz cada vez es más valorada… Quiero recordar a propósito de esto dos de los modelos propuestos, los beatos Laura Vicuña y Ceferino Namuncurá, ambos sufrieron el desarraigo de su cultura, ambos fueron testigos de Cristo en situaciones de incomprensión…

[¿Cuáles son las situaciones nuevas que nos toca enfrentar? ¿cómo se integran las diferencias en nuestras comunidades? ¿cuál es el lugar que damos a los inmigrantes en nuestra Iglesia? ¿Cómo resolvemos nuestros conflictos y diferencias? ¿qué sensibilidad tenemos frente a quienes tienen otras opciones?]

Amada

Al nogueral había yo bajado
para ver la floración del valle,
a ver si la vid estaba en cierne,
y si florecían los granados.
¡Sin saberlo, mi deseo me puso
en los carros de Aminadib!
¡Vuelve, vuelve, Sulamita,
vuelve, vuelve, que te miremos!

Cantar de los Cantares 6, 11 – 7,1

Ven a Soñar…
Caminemos!
Nuestros rastros unidos
tras Aquél, peregrinos…
No detengas tu andar:
Te acompaña un vagido,
una risa, una huella
los dos ojos de un niño…
Te acompañan mis pasos
mis ojos, mi canto:
En mi brazo, tu mano,
en tu sed, mi nostalgia,
y en el amplio horizonte
un estero que canta,
una fuente soleada,
un caudal transparente,
una brisa, un reflejo:
El rubor de las nubes
en tus ojos silentes.
Mi susurro en tu oído
estremece el cabello:
Descendemos al agua,
desnudamos la fuente:
se conmueven inermes
nuestros cuerpos amantes:
Es el Hálito Exiguo
que fecunda el camino.
Es el Padre que acoge
en su seno a los hijos.
Es la Madre que sana
las heridas del tiempo:
Un amor que florece
bajo el gran firmamento.

Ven a soñar,
caminemos:
Son tres rastros, son más
en las huellas de Quién
ya juntó nuestro andar.

15 de noviembre de 2002

Nuestro hijo duerme en el Señor.

Desde la suave entraña de mi esposa partió.

Estuvo con nosotros como pasajera flor.

Como tenue rayo, como tibio aliento.

Velloncito puro.

Caricia insondable del Espíritu Dios.

A su hermano ensanchó el corazón.

A su madre ternuras le dio.

Finas luces al padre.

Y al hogar nuestro un nuevo vigor…


Nuestro hijo duerme en el Señor…

Muchas lágrimas riegan nuestro lecho hoy.

No sabemos nada de los misterios de Dios.

Sólo balbuceamos un ‘amén’ de hijos.

Y un ‘gracias’ por este frágil don.

IV

Tardo tanto en buscarte.
¿Dónde te has ido?
¿Por qué me quedo quieto
distante y dolorido?
¿Por qué no acudo raudo
y permanezco dormido
y sobresalta mi sueño
la angustia con su ruido
y me hundo en la blandura
obscura del olvido?

-No te busco aunque te ame
en mí el temor ha hecho nido,
un nido tembloroso
de espina entretejido-.

Libérame, Jesús, amigo ido,
tiende tú la mano
alza a este niño.
Aunque no te muestre el rostro
busca tú el mío.
Aunque no gima mi llanto
seca tú su caudal tibio.
No levanto la mirada
¿Por qué te temo, Señor mío?

III

III

Gracia la mirada
la verde marea
que azota mi entraña.

Gracia la onda tenue
que envuelve tu pisada.

Incipiente luz
alivio en el sendero.
Hierba que exhala
tersura enamorada.

Arena vespertina
rubores de verano
fresca risa tuya
tu cálida mirada.

II

II
¿Ay dónde
se escurre el silencio
y se derrama el olvido?

¿Dónde está la belleza
haciéndose carne
cabellos y oídos?

¿Dónde
descubre su seno
y se cubre de pétalos?

¿Dónde
esconde la espina
la mujer que yo anhelo?

I

El pudor  ha mantenido estos versos en la intimidad por mucho tiempo, comienzo a desprenderme de ellos al publicarlos…

I
¿Habrá compañera
que ame en mis venas?
¿Habrá dulce estrella
que aquiete mi senda?

¿O pétalo suave
en mis párpados húmedos?
¿O tierna caricia
en el insomnio quemante?

¿Un cauce que acoja
mi fecunda impaciencia?

¿Una parra fecunda,
unos brotes de olivo,
una mesa, una casa…
bendición de los hijos?

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