Tardo tanto en buscarte.
¿Dónde te has ido?
¿Por qué me quedo quieto
distante y dolorido?
¿Por qué no acudo raudo
y permanezco dormido
y sobresalta mi sueño
la angustia con su ruido
y me hundo en la blandura
obscura del olvido?
-No te busco aunque te ame
en mí el temor ha hecho nido,
un nido tembloroso
de espina entretejido-.
Libérame, Jesús, amigo ido,
tiende tú la mano
alza a este niño.
Aunque no te muestre el rostro
busca tú el mío.
Aunque no gima mi llanto
seca tú su caudal tibio.
No levanto la mirada
¿Por qué te temo, Señor mío?
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