Nuestro hijo duerme en el Señor.

Desde la suave entraña de mi esposa partió.

Estuvo con nosotros como pasajera flor.

Como tenue rayo, como tibio aliento.

Velloncito puro.

Caricia insondable del Espíritu Dios.

A su hermano ensanchó el corazón.

A su madre ternuras le dio.

Finas luces al padre.

Y al hogar nuestro un nuevo vigor…


Nuestro hijo duerme en el Señor…

Muchas lágrimas riegan nuestro lecho hoy.

No sabemos nada de los misterios de Dios.

Sólo balbuceamos un ‘amén’ de hijos.

Y un ‘gracias’ por este frágil don.

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