Al nogueral había yo bajado
para ver la floración del valle,
a ver si la vid estaba en cierne,
y si florecían los granados.
¡Sin saberlo, mi deseo me puso
en los carros de Aminadib!
¡Vuelve, vuelve, Sulamita,
vuelve, vuelve, que te miremos!

Cantar de los Cantares 6, 11 – 7,1

Ven a Soñar…
Caminemos!
Nuestros rastros unidos
tras Aquél, peregrinos…
No detengas tu andar:
Te acompaña un vagido,
una risa, una huella
los dos ojos de un niño…
Te acompañan mis pasos
mis ojos, mi canto:
En mi brazo, tu mano,
en tu sed, mi nostalgia,
y en el amplio horizonte
un estero que canta,
una fuente soleada,
un caudal transparente,
una brisa, un reflejo:
El rubor de las nubes
en tus ojos silentes.
Mi susurro en tu oído
estremece el cabello:
Descendemos al agua,
desnudamos la fuente:
se conmueven inermes
nuestros cuerpos amantes:
Es el Hálito Exiguo
que fecunda el camino.
Es el Padre que acoge
en su seno a los hijos.
Es la Madre que sana
las heridas del tiempo:
Un amor que florece
bajo el gran firmamento.

Ven a soñar,
caminemos:
Son tres rastros, son más
en las huellas de Quién
ya juntó nuestro andar.

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