Jornada de Agentes Pastorales de la Arquidiócesis de Antofagasta
para preparar la Misión Continental 2011,
a la luz de Aparecida.
Aporte Teológico Pastoral.
Encuentro con Cristo Vivo
El Señor nos mira a los ojos, su mirada es profunda, cala hondo, pero no nos intimida ni nos violenta, aun antes de escucharle, antes de hablarle, Él ha salido a nuestro encuentro en la fe de nuestros padres, en el testimonio de un amigo, en la liturgia del domingo, a alguno Jesús lo encontró en una misión, en un voluntariado o en un retiro, todos guardamos en nuestro corazón los hitos de ese encuentro de amor que ha cambiado nuestras vidas y nos ha llevado a nuevos encuentros, a ser comunidad.
[Pausa de silencio para recordar y atesorar nuestro encuentro con Jesús]
Discipulado
El encuentro con Jesús y el seguimiento de sus huellas como discípulos ha significado cambios en nuestras vidas, hemos dejado atrás otras prioridades, a veces otros intereses, nuestra mirada sobre la vida, el sufrimiento, la muerte ha quedado iluminada por la esperanza. Vemos lo mismo que antes, pero lo vemos desde la fe; vivimos lo mismo que todos, pero lo vivimos con el Señor. Las alegrías de la vida, el nacimiento de un niño, el amor de los esposos, los éxitos laborales… Y también las experiencias dolorosas, las cesantías, las rupturas, la enfermedad… En todo tenemos la certeza de la cercanía de Jesús, garantizada en su Pasión, signo de la inaudita solidaridad del Padre con nosotros, experimentamos también – en medio de los altibajos de la vida – el consuelo de su Espíritu que el Padre nos envía desde su seno…
[Pausa de silencio para reconocer los cambios que el encuentro con Jesús a producido en nuestras vidas, los dones que hemos recibido]
Espiritualidad de Comunión
La llamada de Jesús no es -como sabemos – una llamada en solitario, al mismo Jesús lo hemos conocido por otros, por otros que nos han dado testimonio de Él, nos han catequizado, nos han confortado o enseñado a orar, nos han acercado a los sacramentos o a las Sagradas Escrituras, en otras palabras a Jesús lo hemos encontrado en la Iglesia y nos llama a ser Iglesia, comunidad, cuerpo, testigos… El amor de los discípulos es signo indispensable para que el mundo crea en Jesús, porque el amor que el Padre despierta en nosotros se expresa irrefrenablemente el amor que le tenemos a los demás… De eso somos testigos como Iglesia, de la vida que brota del costado abierto de Jesús, de la vida que brota de la entrega sin reservas del Hijo al Padre y a nosotros, que tan lejanos estábamos. Cuando hablamos de espiritualidad de comunión, estamos hablando de fidelidad a la Vida que se nos ha dado amorosamente, una fidelidad al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo que habitan en nosotros y se manifiesta en los frutos del amor.
[Pausa de silencio para reflexionar en nuestra vida de Iglesia, de comunidad de fe, dónde aprendimos, dónde servimos, las personas con las que compartimos la fe y vivimos como Iglesia]
Misioneros
Misionar es ser enviado, la misión no es primariamente algo que hacemos, sino algo que recibimos de Jesús, y que sin embargo brota necesariamente de todo discípulo que ha recibido una buena noticia, una alegría que es necesario compartir, una alegría que otros no tienen y que la necesitan…
Desde los inicios cuando los primeros discípulos comenzaron a misionar, a fundar comunidades, iglesias, primero en el entorno judío y luego abriéndose a otras culturas, sufrieron la tensión de la diferencia, se encontraron con realidades distintas que no sabían como enfrentar, otros lenguajes, otras sensibilidades, nuevos desafíos, la apertura de Pablo a los gentiles significó una apertura sin precedentes: La fe cristiana se puede acoger desde cualquier cultura, puede dar frutos en diversos contextos, misionar no es exportar un modelo o imponer un modo de ser, es anunciar una buena noticia… y seguir las huellas del Señor que se maravilla de la fe de un centurión y lo pone por ejemplo.
Eso no sólo se vive cuando salimos de nuestras comunidades, sino también al interior de ellas, los más jóvenes que ven el mundo de manera distinta, los inmigrantes que traen una riqueza nueva, las mujeres cuya voz cada vez es más valorada… Quiero recordar a propósito de esto dos de los modelos propuestos, los beatos Laura Vicuña y Ceferino Namuncurá, ambos sufrieron el desarraigo de su cultura, ambos fueron testigos de Cristo en situaciones de incomprensión…
[¿Cuáles son las situaciones nuevas que nos toca enfrentar? ¿cómo se integran las diferencias en nuestras comunidades? ¿cuál es el lugar que damos a los inmigrantes en nuestra Iglesia? ¿Cómo resolvemos nuestros conflictos y diferencias? ¿qué sensibilidad tenemos frente a quienes tienen otras opciones?]